¿Ya vamos a jugar futbol? El tiempo que quieras. ¿Me llevas por un helado? Todos los que quieras. Cada mañana despertaba para ir a buscarte, darte un abrazo y empezar a jugar contigo, y ahí siempre estabas sin importar tu cansancio.
Siempre que te pienso, inmediatamente se me vienen a la cabeza todos tus chistes (que a veces no daban risa), anécdotas (que ya me habías contado alguna que otra vez) y refranes (que me hubiera encantado haberlos escuchado de mi abuela).
A veces no te salen las palabras, ni a mí tampoco, pero ambos sentimos lo mismo. Solamente en ocasiones muy específicas las hemos dicho, por eso se hacen aún más valiosas.
Tu figura es resolutiva, mi mundo deja de arder en llamas cuando recuerda que estás tú para apoyarme. Tu presencia es tranquilidad, mi cabeza deja de preocuparse cuando te ve llegar. Y tu amor es único, mi corazón deja de estar roto cuando ve que haces todo por mí.
Me heredaste mucho más que solo silencio, aunque sí hay bastante. En mi utopía no hubiera existido ni un poco de él, pero nadie sabe si esa sería la solución.