A mi padre

Lo recuerdo más cuando era niña. Nos llevaba de paseo a muchos lugares en vacaciones y fines de semana, le gustaba salir al campo, hacer deportes. De niña me regaló un triciclo con compartimiento para otra persona para pasear a mi hermana menor y todas las tardes nos sacaban a dar la vuelta al jardín de la colonia donde vivíamos.

También le gustaba comer bien, todas moches cuando llegaba de trabajar, nos traía latas de camarones, anchoas, angulas, jamón y sándwiches de carne tártara. En nuestros cumpleaños, a veces nos invitaba a comer a algún restaurante. Nos gustaban los mariscos.

Otra de las cosas que recuerdo con mucho gusto es que cada fin de semana le daba dinero a mi mamá para que nos comprara ropa y ella nos llevaba a Liverpool a comprar cosas, sobre todo vestidos, bolsas y zapatos. En día de Reyes también tenías muchos juguetes, puedo decir que mi papá nos tenía muy consentidas cuando éramos pequeñas, ya en la adolescencia vinieron las responsabilidades y es cuando cambió la situación; se puso más exigente en las calificaciones, en la puntualidad, en la limpieza para ir a la escuela. Como estudiábamos en una colegio de monjas eran muy exigentes y, por lo tanto, él también.

De él aprendí la puntualidad, la responsabilidad, el respeto a los demás; también lo trabajador. Puedo decir que por estas enseñanzas sí me siento orgullosa de él.